sábado, 6 de agosto de 2011

LA TROJA DE RODO

Mis estimados lectores, el día de hoy busque la magia del pueblo de Mazamitla en uno de los personajes más conocidos aquí, tanto que gran parte de los vecinos le llaman cariñosamente “Tío”, José Luis González Gálvez, es un señor de 66 años que tiene como particularidad su amabilidad, un sentido caritativo y una apreciación del arte y buen gusto en las muchas propiedades y objetos que posee. Un día le comente al respecto “¿porque todos te dicen Tío?” y él me respondió, “también soy tu Tío Paloma.”

Encontré en la tarde del día del padre pasado la puerta de su hogar abierta, La Quinta Marta Dolores nombrada así por los nombres de la madre de sus hijos y de su madre e hija, sobre la carretera a Michoacán en la salida del pueblo. Entre a la propiedad buscándolo a sabiendas que estaba el ahí por la presencia de su camioneta pick up tan conocida en el pueblo. Llamándolo para que me permitiera la entrada a hacerle una entrevista. Desde el balcón de la sala de la recamara principal se asomo el gran señor y le dio gusto verme. Me introdujo a la casa que ya conocía pero hasta esta visita me percate realmente de lo grande que era y nos pusimos cómodos para la entrevista en dicha salita. El tema que quise tocar en esta conversación es el de la troje antigua que se encuentra en una de sus propiedades y que es una cabañita de gruesas y largas trancas de madera ya fosilizada que fue reubicada ya que originalmente se encontraba a tres cuadras de la plaza principal sobre la calle Galeana y ahora se puede apreciar en el restaurante de La Carreta en la glorieta donde el camino a Los Cazos y la avenida Loma Bonita hacen esquina. Lo que me llama la atención de esta sencilla casita de madera es que en su placa conmemorativa, esta troje data de los años mil quinientos y fue una de las primeras casitas que se levantaron en Mazamitla. Soy una persona sensible y la presencia de almas que no han partido me es fácil de sentir. Si eso significa que creo en fantasmas… bueno cada ves que he entrado a esta cabañita he sentido una presencia ahí, el misterio de quien habito en este lugar y el porque su alma aun se encuentra apegada a este me ha tenido fascinada, quería saber más sobre esta y acudí a su dueño para investigar sobre ella. Sorpresivamente José Luis, me contó que él había vivido en ella junto con su tío Rodolfo Calleja cuando tenia solo seis años de edad, compartió esta casita que es conocida como la Troja de Rodo durante tres años y le pedí que me describiera a su tío y su estilo de vida.

“El Tío Rodo era un hombre grande de 150 kilos de peso con ojos azules. Era pariente del virrey Rogelio Calleja. Español de descendencia y se dedicaba a la antigua profesión de mecánico dental. Extraía las muelas, inyectaba, recetaba y los locales acudían a el como si fuese un medico. También fabricaba aparatos de petróleo, jaulas para aves y trampas para las mismas, regaderas y todo lo que se pudiera hacer con lámina.” El Tío Rodo, era hermano de la abuela paterna de José Luis la abuela Clementina. Posteriormente los primos de él vivieron ahí y eran conocidos como los patos.

Cuando José Luis vivía con su tío, me describió en interior de la Troja, que hoy en día es una bodega para el restaurante. Recostado en su sofá, vi como su mirada se perdió mientras me decía lo que veía en ese recuerdo del pasado como si la barrera del tiempo se desvaneciera y en vez de encontrarse junto a mí en su casa lujosa, él volviese a ser un pequeño de seis años y se encontrara dentro de la Toja sesenta años atrás. “había una cama con tablas, petates, un garabato que es un palo con varios palitos saliendo de este donde colgaban la carne y el pozo de la leche y otros comestibles para que las ratas e insectos no se metieran a las bolsas y se la comieran. Había un estante volando colgado donde guardaban la loza de peltre y barro, este estaba suspendido de una de las vigas del techo y alejado de la pared y se le conoce como un zarzo. En una batea de barro con ceniza en su interior se colocaban los jitomates sin que se tocaran entre si a modo de refrigerador. Colgados en las paredes había ponchos de borra y capotes que son mangas de zacate para las lluvias. Había sombreros y un soplador y un pretil con dos planchas de fierro con un comal de barro en donde una muchacha local le preparaba la comida al tío Rodo. Ella le lavaba la ropa y le barría la Troja. El enorme señor comía mucho y me llevaba a la plaza a comprar sus víveres en el mercado, de los cuales recuerdo que siempre había una lata de manteca, un costal de arroz, uno de harina y uno de sal. También había una recipiente con aguamiel, el jugo del maguey, con el cual me preparaba atole de aguamiel y cuando le picaba a este liquido cebollitas y chile de árbol y lo colocaba a añejar al sol este se hacia pulque una bebida refrescante” que José Luis compara con el tomarse una cerveza. En el mercado el compraba chilacayotes, camotes, calabazas, arepas, comalonas, corundas, todas estas comidas que aun se pueden comprar en tiendas de dulces regionales y que la gente hace sesenta años consumía en este pueblito antes de la llegada de la comida moderna. El agua llegaba a las casas desde el cerro del tigre por medio de canoas de pino y pencas de maguey a las pilas que estaban frente a las casas. Los baños eran cuartitos donde sobre una tabla con un agujero que daba a la fosa séptica conocidos cono retretes. La luz se conseguía con lámparas de petróleo y la vida era muy rustica en el pueblo.

José Luis entonces regreso a mi lado en el año 2010 en la salita desde donde al mirar por las ventanas los capulines maduraban y el celaje oscurecía y ya lo único que le pude sacar fue el dato que el Tío Rodo falleció en los años sesentas. Entonces platicamos un poco sobre como había festejado su día del padre y como los cigarros se habían acabado salimos de la Quinta Marta Dolores hacia la plaza a comprar más, me despedí de él agradeciéndole esta oportunidad de poder conocer y compartir con ustedes un poquito del pasado de el lugar donde ahora vivo y que espero que ustedes pronto visiten para convivir con nosotros la verdadera magia de este pueblo Michoacano en Jalisco que es y siempre será su gente.

Su amiga en Mazamitla PALOMA ARAU

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